Me sorprendió ver el salón "medio limpio", comparado con la cantidad de basura que me encuentro a diario, ver solamente unos vasos y el charco de refresco en el suelo del salón, parece algo así como una tregua...
La mitad de la clase se invirtió en discutir un poco sobre el "respeto mutuo", al parecer pasado de moda en nuestra universidad. ¿Por qué no puedo hacer lo que me gusta hacer para divertirme en la universidad? ¿Para qué prohibiciones y reglamentos? ¿Quién administra disciplina y para qué? Entre los estudiantes, estos temas no se plantean hasta que se ven directamente afectados por las conductas de sus compañeros. Juegos escandalosos de "truco", ingesta de licores en las áreas verdes (y a veces en los mismos salones de clases), juegos de carnaval (con su respectivo pinchazo con bombas de agua), carros con música a todo volúmen, por solo mencionar unos pocos. Ciertamente la alegría puede compartirse con los compañeros, pero respetando los derechos de los demás, parece algo evidente y fundamental, pero tan escaso en el pensamiento de muchos universitarios.
En cuanto a las clases, la apatía y la falta de interés sigue haciendo de las suyas. Los estudiantes piensan que cuando resuelvo problemas ellos aprenden con solo verme, nada más lejos de la realidad. Sólo aquellos que lo han intentado antes, vencen sus trabas, los demás se darán cuenta de eso algo tarde. Pero la verdad, aprender es un acto íntimo y personal, yo no puedo hacer más que mostrarle el camino, no puedo caminar por ellos.
Me alegro cuando puedo notar que hay gente, que por leer antes de asistir, entiende los recovecos y detalles finos de lo que discutimos. Es reconfortante saber que en cada clase, aprenden más sobre la materia y sobre ellos mismos.
Ya se entregaron las primeras coevaluaciones, ya se corrigieron los talleres, ya comienza la cosecha de esfuerzos y el redireccionamiento de los rumbos...
sábado, 27 de enero de 2007
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